María ya me dijo qué no!
María ya no dice qué sí.
Ya no vive más de fantasías,
Ya no espera a qué florezca,
quién no la merezca.
Que maduren,
las semillas de mostaza.
Hacerse adulto es pasar del sí al NO!
Pero crecer es pasar del no al SÍ.
Y tanto que pasamos de ser grandes,
de decir: Qué no, ¡Qué NO!
... en este valle de lágrimas...
qué se nos fue la vida...
Se acabó el encanto.
Ya no hay tres deseos,
ya no hay más cuentos.
Del recuento,
nos quedaron,
solo penas.
Solos,
a penas,
tres mil años de añoranza.
Y no hay genio,
que contara nuestra histora.
Esperando abrigo,
me encontraste desnudo,
compartiendo desamparos.
Esperando poesías,
tropezaste con mi lado más prosaico.
hallaste en mí,
los pequeños desencantos.
encontraste roces.
Y aún así,
sin más calvario,
caminaste nuevas cruces,
para un día,
descubrirte ya más plena,
Rebasada en mis carencias.
Deshojada de margaritas.
Comprendida en mi espacio,
Contenida en mi silencio.
Exprimida en tus esencias,
mesurando cada gota,
derrochando la vajilla,
resguardando la vitrina.
La vitrina,
toda llena de reliquias.
y a la vez ya tan vacía,
de promesas,
que aquietaran tus recelos,
de constancias,
que validen tus esfuerzos.
de certezas,
que soltaran tus reservas.
Sin embargo,
me sostengo,
Aceptandome ...
Culpable.
A tu juicio,
ya convicto,
sin dictamen,
ni sentencia.
Silencioso,
a deshoras,
se hace tarde
para versos.
El otoño,
cala huesos
y romances.
Cae la tarde.
El invierno,
entumce
ya los dedos.
Arropadas,
las caricias,
ya no hierve
más la sangre.
No hay más besos.
No hay perdices,
en las noches más felices,
si no portan la estampilla de lo eterno.
Solo quedan los placeres cotidianos,
la alegría del masaje con aceites.
El recuerdo del amor sin fantasías,
sin afanes, ni disfraces, ni misterios.
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